viernes, agosto 15, 2008

Carta

Hoy me desperté con la sensación de que el mundo estaba igual. Pero cuando caí en la cuenta de que no, decidí escribirte esto. Aunque se que nunca te vas a enterar, y nunca la vas a leer. Es irónico, escribo una carta para que no la leas nunca. No se, por ahí serán las ganas de sacar todo lo de adentro. De poder aclarar todo y quedarme con la conciencia tranquila, sabiendo que ya te dije todo. Pero en realidad no se por que lo hago, solo se que acá estoy. Sentada frente a la computadora, escribiéndote.
Hace pocos días pude asimilar, todo lo que había pasado. Como se habían dado las cosas, mis reacciones, la de los demás. Estaba acostada en mi cama, y no voy a negar que más de una vez se me cayeron las lágrimas. Pero seguía pensando, no podía parar de analizar el mundo y lo que ocurrió a mi alrededor. No es que hubiera estallado una Guerra, ni nada más grave. Solo era una cuestión de códigos diría yo. Códigos perdidos, ahora sin sentido.
Entre tanto que pensé me di cuenta de eso, de que no existen amistades sin códigos. Y no existen amores sin respeto. ¿Cómo se puede tener un amigo qué a la primera oportunidad que tiene te clava un puñal por la espalda? ¿Cómo podes volver a enamorarte cuando sabes que la persona anterior no te respeto, y lo que es peor aún no cumplió su propia palabra, defraudandose a sí mismo? ¿Cómo volvés a confiar en la vida, cuando ves que te traicionan? Quería ser imparcial mientras pensaba, pero me resultaba casi imposible. Decidí no pensar más, pero eso era peor. De mi mente no paraban de salir, ideas, pensamientos, deducciones (algunas muy vagas), venganzas, planes, estratagemas, y miles de cosas absurdas y casi sin sentido. Pero de tanto pensar, me quede dormida. No voy a decir que soñe algo cuando se que no soñe nada y que es lo peor aún, que tuve la sensación de no despertar jamás.
Pero no fue así y a la media hora, me incorpore sobresaltada y con una sensación horrible pero no sé por qué. Me volví a tirar a la cama, pero esta vez la mirada se quedó fija en el techo. Entonces me dije en voz alta para mí que ya era hora de cerrar este capítulo. Así que eso es lo que pienso decirte. No es que sea mucho, pero con estas palabras cierro mi pasado, tu pasado. Nuestro pasado. Para que cada uno pueda seguir su vida, sin afectar al otro nunca más.